“El propósito de la meditación es pacificar y calmar la mente. Cuando nuestra mente está serena, dejamos de tener preocupaciones y problemas, y disfrutamos de la verdadera felicidad.”
Venerable Gueshe Kelsang Gyatso
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Jueves
12/16/2006
12:11 pm
Mi imaginación quedó cautivada por un episodio de las aventuras de Carlos Castaneda, cuando su maestro don Juan lo envía a conocer a una bruja que tiene la capacidad de adoptar la percepción de cualquier criatura. La bruja permite a Castaneda sentirse exactamente como una lombriz de tierra. ¿Qué percibe él? Enorme excitación y poder. En vez de ser la minúscula criatura ciega que la lombriz parece a los ojos humanos, Castaneda se siente como una excavadora que aparta cada grano de tierra como si se tratara de una roca: es imponente y poderoso. En vez de parecerle un trabajo pesado, la excavación es motivo de euforia, la euforia de alguien que puede mover montañas con su cuerpo.
En tu vida hay una corriente de alegría igualmente elemental e inamovible. Una vez, el renombrado maestro espiritual J. Krishnamurti comentó algo que me resultó conmovedor. Las personas no se dan cuenta, dijo, de cuán importante es despertar cada mañana con una canción en el corazón. Cuando leí eso, hice una prueba. Pedí en mi interior escuchar la canción, y durante algunas semanas, sin participación de mi voluntad, percibí una canción; era lo primero que venía a mi mente cuando despertaba.
Pero Krishnamurti solía hablar con metáforas: en realidad, despertar con una canción significa despertar con alegría, una alegría independiente de nuestros buenos o malos momentos. Pedirte esto a ti mismo es lo más fácil y lo más difícil. Pero no lo dejes pasar de largo, no importa cuán compleja sea tu vida. Trata de liberar tu mente y cuando lo logres serás inundado por una corriente de felicidad.
Diario La Nacion Online.
22 de Abril de 2005
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Jueves
10/16/2006
10:11 am
Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística.
El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:
–Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.
El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.
–¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.
–Nada dijeron.
–En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.
El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:
–¿Qué te han respondido los muertos?
–De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.
Y el maestro concluyó:
–Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.
El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.
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